Ecografía prorrogada (por Margarita. Escritora invitada)

Hola Tacho, me da apuro irrumpir así en tu casa, pero… ¿Se arregló lo del corte de luz? ¡Ah, qué bueno! ¿Dónde está la nevera? ¿Agua? ¡No, qué va! Ni me la nombres, che! No quiero volverme rana. Te cojo una cervecita fresca nada más, ¿quieres una? Total vienen siendo tuyas.

Tacho, me da apuro irrumpir así en tu casa, pero… ¿Se arregló lo del corte de luz? ¡Ah, qué bueno! ¿Dónde está la nevera? ¡¿Agua?! ¡No, qué va! ¡Ni me la nombres, che! Te cojo una cervecita fresca nada más, no quiero volverme rana. Sí, Tachito, el agua es muy buena para la salud, pero todo tiene su límite y el mío ya lo rebasé, te lo juro. ¡Toy furiosa! Hace tres meses tenía programada una ecografía para la que debía beberme un litro de agua una hora antes de hacerme la prueba. 

¡Ay, Tachito!, creo que soy gafe. ¡¿Cafre?! No, dije gafe, aunque… bueno… eso también un poco. ¡Ná, ni te cuento! No te vayas… qué mejor sí, ves… ¿A ti te parece normal que tras cinco meses y varios cambios de fecha todavía no me hayan podido hacer una miserable ecografía? Pues es lo que yo digo, Tacho, ni que fuera una operación a corazón abierto. ¡Dios nos libre! Primero tardaron un mes en darme cita, no sé qué entienden los mata sanos por preferente. Eso sí, me mandaron una carta con la preparación detalladísima que debía seguir, condición imprescindible, ponía en negrita. ¡Una clínica privada, che! ¡A costa de la SS! No, Tacho, los nazis no, aunque bueh, así le decimos aquí a la Seguridad Social, el seguro que pagamos obligatoriamente, imagínate. Pago de primera, y cada vez más, servicios de m…

Bueno, dejemos eso, sería para no acabar, jeje, el caso es que llega el día y yo seguí las indicaciones religiosamente, Tacho, así que me bebí mi litro de agua una hora antes de la cita. ¿Has probado a meterte todo ese líquido del tirón? ¿No…? ¡Y luego Turke se queja de la humedad, che!

La clínica estaba donde Jesús perdió la sandalia, por el Tibidabo viene siendo, en la otra punta de Barcelona. Mario estaba de vacaciones así que podía ir cómodamente sentada en mi coche como una reina, de puerta a puerta, asegurándome poder retener el litro de agua dentro de mi organismo hasta que me hicieran la eco, pero… Si te fijas siempre hay un pero, ¿ves? Justo cuando estábamos en la circunvalación a diez minutos de la clínica, el coche decidió que no nos llevaba y se paró en seco. Mario le daba a la llave de contacto una y otra vez, pero nada. Los demás automovilistas mostrando su elevado civismo tocaban el claxon y nos indicaban no sé qué recordatorios para nuestras madres mientras nos miraban como si nos hubiéramos parado para contemplar el paisaje, por gusto. ¡me encanta esa solidaridad en la carretera! La gente con un volante en las manos se transforma, Tacho; empecé a ponerme nerviosa, y ya sabes lo que pasa, más si hace una hora que te has tragado un litro de agua… Uff, en aquel momento hubiera matado por un lavabo, te digo. que fuera por el exceso de agua o el nerviosismo del momento, o ambas cosas, qué sé yo, Tacho, el caso es que mi panza se abultó rápidamente y el líquido luchaba por salir y yo por que se quedara. “¡Mario, trata de arrancarlo, por Dios!”, le gritaba. Pero aquel bendito coche, que nunca nos había fallado, eligió justo ese momento para declararse en rebeldía. El rebasamiento líquido comenzó a ganarme la partida y en ese instante tuve la certeza cristalina de que no llegaría a tiempo a la Clínica del Dr. Manchón. (Sí, Tacho, debí prever que ese apellido no presagiaba nada bueno, ya ves). Así que hice lo lógico; di la prueba por concluida antes de empezar, porque iba a reventar allí mismo, jeje, así que me bajé del coche y abandoné a Mario en medio del caos.

Jamás olvidaré aquel momento, Tacho. Salí de la carretera aguzando desesperadamente la vista en busca de un bar. Y lo hallé. Al final de una calle empinada. “No es la primera cuesta que subes en tu vida, ¡has estado en los Pirineos, esto no es nada! ¡tú puedes!”, me dije. Y con la mirada acuosa y fija en mi objetivo, me concentré avanzando con paso lento y las piernas bien cerradas. Fue mi pequeño Vía Crucis, te digo. Eso sí, entré en el bar como un huracán y me colé interrumpiendo el pedido de otro cliente, ¿qué quieres, Tacho? ¡No me lo iba a hacer encima! “¡Un café! ¡¿Y el lavabo, por favor?!”, le grité a la camarera, que me miró como si estuviera loca, ya ves. Se giró y, tranquilamente, de mala gana, y como para darme por c…, me alargó la llave del lavabo como si fuera una anciana artrítica que tiene que pedir permiso a cada una de las articulaciones antes de moverlas. Yo pensé que por la cuenta que le traía más le valía darse un poco de prisa no fuera cosa que le acabara lustrando el suelo. 

Obvio, no llegué a lo del Dr. Manchón. 

Cambié la cita con tanta puntería, que el día en cuestión estaba en reposo absoluto. Una rotura fibrilar en el gemelo derecho me anunció que mis días de alpinista osada llegaban a su fin, Tacho. Así que hube de programar un segundo cambio para la fecha de la prueba y en esta ocasión tuve que esperar ¡dos meses! 

Por fin llegaron el día D y la hora H. No estaba dispuesta a dejarme ganar la batalla. Esta vez nada me sorprendería, Tachito, había aprendido la lección y como mujer prevenida vale por dos, tenía mi plan bien trazado. Saldría de casa con mucho tiempo, llegaría una hora antes a la clínica con un libro y mi botella de litro de agua para beberlo placidamente mientras leía en la sala de espera. Así el recorrido con la vejiga a reventar sería corto y sin sobresaltos, directo desde la sala a la consulta. Ningún cabo suelto, Tacho. 

Me dirigí a la parada del autobús con todo mi equipo; bien pertrechada. Me sorprendió encontrarla vacía, y más, que en el siguiente cuarto de hora siguiera sin aparecer ni un alma por allí, pero permanecí inalterable sentada en el banco. Mejor, así me aseguraba asiento, Tacho, seguí esperando impertérrita, Y así me podría haber quedado si no fuera porque una señora que pasaba me miró raro y me aclaró que lo hacía en vano, pues ¡los autobuses estaban en huelga! Con esto no contaba, te digo. Tuve que buscar un plan B y lanzarme de cabeza, nada me detendría. Me dirigí al trote hacia la estación de tren, a más de otro cuarto de hora andando. Necesitaba coger tres medios de transportes para llegar hasta la dichosa Clínica del Dr. Manchón. El tren llegó al centro, en Plaza España, hice trasbordo al metro hasta Plaza Cataluña, ¡sí, exacto, Tacho! cerquita de las famosas Ramblas de las flores, donde tenía que subir a otro ferrocarril, pero para cuando llegué allí el tiempo se me había evaporado y debía comenzar a tomar el litro de agua. Paré un taxi para poder llegar a mi hora y en cuanto le di la dirección desenfundé la botella y me puse a beber como una posesa. 

Tacho, te has subido alguna vez en un Taxi, aquí? ¿No? Pues no te lo pierdas, tómalo como una atracción turística más. No sé si están programados, pero no falla, la inmensa mayoría de los taxistas van escuchando una emisora de radio propiedad de la Conferencia Episcopal, ¡sí, como lo oyes! Por supuesto, ultracatólica y de la derecha más rancia, ¡acertaste! Jajaja, ¡Qué vista, amigo! cualquiera diría que los conoces. Desde la emisora de los obispos llevan años, casi tantos como nuestra joven democracia, haciendo lo mejor que saben hacer, no en vano les avalan siglos de experiencia, Tachito. Ya sabes el afecto que le profesan a las tradiciones y la aprensión que tienen a que mudemos de aires, debe ser porque no quieren que agarremos un constipado. A los diez minutos ya estaba acojonada escuchando que esto es el acabóse, que ¡España se rompe! Y yo, mientas tragaba agua y sapos a partes iguales, con ganas de decir algunas cosas, pero necesitaba la boca para beber. Me preguntaba si hablaban del mismo país en el que yo estaba viviendo. Ríete tú del calendario Maya y el 2012, Tacho. 

Llegué a la clínica del Dr. Manchón. ¡De lujo! Le di los datos al recepcionista, que me acompaña amablemente a la sala y me señaló que cuando no pudiera aguantar más, avise a la sanitaria. Me senté. A los diez minutos me llamó la enfermera interrogándome si ya me tomé todo el litro de agua. ¡Claro, es de cajón! ¿No es que había que tomarlo una hora antes? Orgullosa le dije que sí, pensando que por fin había llegado mi hora, me harían la prueba y luego podría ir al lavabo. ¡Todo controlado, Tacho! ¡Perfecto! Me indicó con una sonrisa deslumbradora que cree que ha habido un error y me preguntó si había comido. ¡Pues claro que he comido! ¿Qué es esto? ¿Un chiste? No Tacho, no, eso me lo dije para mí misma, no quería armar lío en un lugar tan fino, a ella le contesté educadamente que sí, mientras sentía que las paredes de mi vejiga comenzaban a ceder y amenazaba el desbordamiento. Entonces me anunció con la misma sonrisa inmaculada que ¡no podían hacerme la ecografía!, debido a una desgraciada confusión, habían leído mal la petición del médico, pensando que la ecografía era abdominal, cuando en realidad era vesico - hepática y que para la preparación de la susodicha debía estar en ayunas de alimentos de ¡siete horas! ¡Y dos de líquidos! Y que yo acaba de tragarme un litro de agua y no podía ser. Como si yo lo hubiera hecho por vicio, ¡me lo habían pedido ellos, Tacho! Preparación que habían tenido la amabilidad rebosante de enviarme por carta, te digo. ¡Ah, nooo! ¡No puede ser! ¡Estoy soñando y soy Turkesa! ¡Sí, eso mismo es! Pero, no, Tachito, en cuanto me pellizqué descarté la idea y le pregunté con apuro dónde quedaba el baño para poder soltar aquel líquido que empujaba con las mismas ganas que un preso las rejas en un motín, antes de decidirme por matarlos, aprovechando que tengo una amiga abogada que estaría encantada de defenderme por esta causa justa. La dejé deshaciéndose en disculpas, por el aprieto y porque sabía que en realidad eso a ella le importaba una m… 

No, no renuncio Tacho, despreocúpate, para nada, que me hacen la ecografía, me la hacen, ahora que te digo que no sé si será en este siglo o en el que viene. ¿Otra cervecita, Tacho? ¡Uy, se cortó de nuevo la luz! ¡A mí no me mires, che! Será cosa del gafe…

6 comentarios:

Turkesa dijo...

¡Je!
¡VAYA!

Pa'mí que fue exceso de cerveza.

Y ná.

El hecho en sí, TODO EL HECHO, es una desafortunada historia de cervezas y vegija chillante.

Eso de que "debo ser Turkesa" YA está en manos de mis abogados, todos ahogados en vino Merlot, o sea, abobeodos, pero siempre con la lumbrera que se les prende a la hora de consultar la normativa arancelaria.
Igual no te cobrarán, che. Después de todo, has hecho contra-apología del Agua. Aunque pensándolo detenidamente, nunca dijiste que el litro fuese tooodo de agua... ¿O sí?
¡Ay! Es que para suplir tus fallas me estoy bebiendo -obligadamente, of course-, un Saint Felicien. Ni te mosquees, te haría mear a rabiar ideas en el rayo Rubí. ¡Ja,jaajajaaa!

Espero que el Dr. Manchón no se haya ahogado, amiga, con el derrape de tu incontinencia líquida. ¡Viste qué fina estoy! No dije "incontinencia cervecera, o etc. etc." De nada. Sé que no sabes cómo agracecerme el gesto de semejante caridad.

Perdona. Ehem.

Bromas aparte, es un gusto enorme enjoyar al Tacho con tu aporte.

Me encantó el relato.

¡Muchas gracias, Marisol, por traer tan simpática, aunque nada envidiada historia! Me he reído de lo lindo.

Te mando un abrazo grande.

Margarita dijo...

Niet, loca, qué va... todito él de agua pura y cristalina. Si para esas pruebas se tuviera que beber un litro de cerveza sería ¡imposible no mear en una hora! Y si quieres ya te la sirve la enfermera, bien fresquita, off course, por cortesía del hospital, entonces habrían tortas para hacérselas, imagina… ¡todos malitos! “Ay, doc, es que me duele mucho, ¡usted no sabe!”; “pero si ya le hicimos una eco el mes pasado y no salió nada…”. Y, ya puestos, por qué no… que la enfermera lo acompañe con un platito de olivas y queso, para ayudar a bajarla mejor.

“Eso de que "debo ser Turkesa" YA está en manos de mis abogados”

¡Ay, así no se puede, che! ¡¿Qué os pasa a los abogados que todo lo arregláis a golpe de demanda?! Que no os dais cuenta que la jefa, La Justicia, es esa mina ciega que va con la venda en los ojos, según dice una amiga abogada que tengo… Bueno, si tus abogados están en manos del Sr. Merlot, jiji, no problem, me traigo al Sr. Sauvignon para mi defensa, que es buen amigo del primero y nos unimos a la juerga.

Además, lo que alego es cierto. Tengo pruebas de ello. Estas cosas no me pasaban antes. Dicen que todo se pega menos la hermosura :).

“¡Ay! Es que para suplir tus fallas me estoy bebiendo -obligadamente, of course-, un Saint Felicien”

¡Ay, qué linda…! ¿Qué no haría una buena amiga, ves? Te agradezco tamaño sacrificio, che… ni se diga.

“Espero que el Dr. Manchón no se haya ahogado, amiga, con el derrape de tu incontinencia líquida. ¡Viste qué fina estoy! No dije "incontinencia cervecera, o etc. etc." De nada. Sé que no sabes cómo agracecerme el gesto de semejante caridad”.

Jajajajajajaja… Ay, te diría algo, pero, no, mejor no lo voy a hacer, jaja. Una le cuenta un chisme a una amiga...

En serio, ¡muchas gracias a ti! Sabes que adoro al Tacho y para mí es un honor enorme que una mis cosas estén en este blog admirable. ¡Gracias, Mónica!

Un besazo,

Marisol

B. Miosi dijo...

Me quedo impresionada por este relato psicodélico. Sí, señor. Sé que es una palabra pasada de moda, pero en estos casos, vale su peso en oro.
¿Que nuestra amiguísima Marisol tuvo que emborracharse con cerveza porque el médico se apellidaba Manchón? Faltaba más. La próxima vez te tomas una copa de champagne, hija, nunca deberíamos perder el glamour. Y contrata una limusina, de las que traen un pequeño baño incorporado, y obviamente, un bar. Y tu propio equipo de sonido para que puedas escuchar la emisora que te apetezca, porque si has de escuchar el programa de la conferencia episcopal, hazlo directamente desde la que emiten desde Radio Vaticano. Con la chusma, nada. Así te puedes enterar que el diseñador de los trajes de la Guardia Suiza fue el comandante Jules Répond, no Armani, como dicen algunos.

Y recuerda algo muy, pero muy importante, Margarita: y también tú, querida Turkesa: Para empezar el año no hay nada mejor que la Marathon de Nueva York. Eso de andar saltando de ferrocarril en ferrocarril, ni hablar.

Me he divertido mucho con tu cuento psicodélico, y pensar que estamos empezando el siglo XXI!!

Margarita: Sé que tú puedes.

Besos!
Blanca

Turkesa dijo...

¡jaja! ¡Soy feliz! Presto el blog, y me ofende así nada más "debo estar soñando y soy Turkesa", luego, dale que dale con los abogados, yo no sé Tacho qué karma estoy pagando con creces. Digo yo, ¿no será que los registros akhásicos se inspiraron en la Ley del Talión?

Bueno. Nada. Margarita: son seis euros el renglón, tal como sale en la Entrada. Si estás pasando por un estado -no digo de insolvencia, sino de iliquidez- puedes pagarme mediante jamones o vinos o aceitunas o ehem lo que se te ocurra que engorde, mucho muchooooooooooooo. Y vino Rioja, por supuesto.

El comentario de Blanca no tiene dsperdicio. ¡Cuento psicodélico! ¡JAJAJAJAAAAAAAAAAAAA!

(Yo no es que quiera meter púa, pero de una sola línea te adjudicó como cerca de cuarenta, che. Yo nada. Pero si querés accionar, ¡TE patrocino!

¡Holaaaa, Blancaaa! Eras todo joda,of course.


Un besote a ambas.

Margarita dijo...

¡Hola, chicas! ¡¿Relato psicodélico?! Jaja, qué buena definición, Blanca. Cuando vi cómo se llamaba el médico y todo lo que me ocurrió pensé que no podría llamarse más adrede.

¡Caramba, cuánto me queda por aprender! Es cierto, me lo anoto: no salir nunca sin mi limusina y una botellita de champagne. Hay que estar preparada en todo momento :). Lo de los cotilleos de Radio Vaticano, impagable, cómo me reí, desde luego no hay color con la otra emisora ni por asomo.

Mira, Blanca, lo de la Marathon me lo estoy pensando todavía, como que no me apetece correr, tú dirás que soy perezosa, pues sí, lo adivinas, jaja, además se suda, el pelo se te chafa, el maquillaje se corre, en fin, no lo veo muy glamoroso. De la limusina no me apeo, como que le he cogido el gusto, jaja. Gracias por ese comentario impagable, amiga.

¡Turke querida!¡Ay, con lo bien que íbamos…! ¡No me digas que te ofendiste, che…! Lo de los abogados fue en defensa propia y ante tu intención de ponerme una demanda. Totalmente legitimo, mi defensa, digo, jeje. Karma con gusto, no pica… no, no era así, es sarna, bueno, da igual, no se debe quejar uno del Karma, ¡qué feo! Todo sucede por algo, qué sé shó…

¡Já! Seis euros por línea y te quejas de pagos, no, si ya decía shó que todo esto era muy bonito… Bueno, claro, jamones, aceitunas y Rioja, ¿algo más, niña? ¿Unas ostras? ¿Fresas con champagne? Digo, para no perder el glamour del que habla Blanca, total, ya puestos…

Ejemm, ¡ah!, ¿qué era de joda? Esto… jajaja. En serio, me reí mucho con vuestros comentarios sin desperdicio. Mónica, gracias mil por honrarme al subir este texto a tu “Rincón del Brote”, sabes que soy una admiradora incondicional del Tacho. Gracias de nuevo, amigota.

Un abrazo enorme a ambas, y que paséis unas felices fiestas.

Marisol

Draco dijo...

Permitir que ocupe un trocito de vuestro espacio, para deciros que un compañero bloguero vuestro a conseguido cumplir un sueño…A publicado su primera novela “LA MACULA PURPURA”…Pero para que ese sueño se cumpla del todo, esa novela tiene que ser leída…estuvo mucho tiempo en un cajón y ahora tiene que salir de su ivernación,espero la camaradería de todos vosotros, estoy segura que a todos vosotros os gustaría cumplir un sueño como este, y os puedo asegurar que no hay nada más satisfactorio que ayudar a que ese sueño se cumpla…vuestro compañero es… salmorelli.blogspot.com

LA MACULA PURPURA…Tiene todo lo que un lector aprecia de una novela…Mafia, iglesia, poder, ambición, amor, y sobretodo lealtad.

Perdonar y gracias.

QUE TODOS VUESTROS SUEÑOS SE CUMPLAN!!!!!!!!!

Mary.