Hablando de pasiones...



Vos sabés Tacho que hace ya un tiempito que me desgano la vida abogando por los derechos de las pers…, digo las garantías constitu… (No, mejor dejá, las implicancias te las mando en otro momento).


Bueno, no te voy a aburrir con la catarata de estupideces que debo escuchar y presenciar (la estupidez, está probado en Tribunales, es ilimitada, a diferencia de la inteligencia, que es limitada), no siempre de colegas ¿eh?; la gente es muy imaginativa … Y lo digo así para ajustarme a un lenguaje que no ofenda la ética forense: el otro día, en una audiencia bizarra donde se discutía la peligrosidad de las villas aledañas a un Barrio Cerrado, cuya Administración abriga la esperanza de conseguir que el incalificable sujeto demandado –que es mi cliente, al que no le sacás un mango ni operándolo- contribuya con una cuota mensual a cambio de seguridad.


Yo, que ya me acostumbré a sacar bípedos del portafolios (conejos sería una paquetería imperdonable) le pregunté al fatigado testigo propuesto por la Administración “si sabe de dónde proviene la mano de obra que trabaja en el predio, como pintores, jardineros, personal de guardia y seguridad, de mantenimiento, mucamas, etc”. A lo que contestó muy pancho que "casi todo el personal doméstico y de mantenimiento son los habitantes de las villas aledañas"! Justo lo que yo quería oir para tirar abajo el argumento de la Administración, que fundaba su reclamo en la protección que brinda a los habitantes del barrio cerrado contra la “peligrosidad” de los moradores aledaños. El tema es que el atragantado abogado contrario, al escuchar esta afirmación de su propio testigo, se puso furioso; perdió el control en dos patadas reales; empezó a gritar, a saltar -sí, a saltar- y a zapatear como nuestros hijos a los dos años cuando algo los disgustaba. Hizo un berrinche tal que vino la Jueza y le llamó la atención. El elegante, ofuscadísimo y saltarín boga se excusó explicando que lo suyo no podía considerarse técnicamente “falta de respeto”, sino que simplemente él ¡era vehemente! Y lo dijo a los gritos y pateando el piso a los saltos. (Casi se cae)


Y somos así nomás.


Su Señoría lo perdonó y la función continuó en igual tono de zafarrancho, hasta languidecer de golpe y porrazo hacia la hora del almuerzo, cuando no quedó ni el loro.


Me dio una pena al irme, ver a la pobre mina de la Justicia, la romana esa ahí, perdida en el túnel del tiempo, con la venda eterna en los ojos y los brazos extendidos buscando… ¿Una salida desesperada para irse a la mierda, aunque sea en subte? O no sé... ¿A Nerón? ¿A Calígula? ¿Algún vuelo a Disney? (¿O a Cuba?) ¿Tomárselas en el último tren al Tíbet para no volver? ¿A Katmandú quizá? ¡Qué se yo! Por las dudas, me la imaginé tratando de agarrar una birra bien helada y un choripán, y me fui mucho más conforme con el derecho.
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Te dejo, Tacho. Tengo que irme a Tribunales a comprobar si sigue ajustada a derecho la desquiciada de los ojos con parche, y de paso a pleitear –no con contrapartes- sino contra los Juzgados, que están casi todos colgados practicando el oscurantismo en cornisas tenebrosas, a la deriva entre la torpeza y derroteros erráticos, afanosos al pedo; se enredan solitos y de oficio en expedientes de trámite simple, que ¡claro!, así se transforman de la noche a la mañana, por arte de errores sucesivos, en monstruos de 22 cabezas, todas infaliblemente perplejas. Te digo que hoy en día uno es capaz de perder con costas una sucesión de un solo heredero por caducidad de instancia.


En fin. Ahora sí te dejo. Te mando un beso. (esperame con algo fuerte a la vuelta)

6 comentarios:

Margarita dijo...

Oh, aquí huele a recién estrenado, todavía huele a pintura fresca, pero igual paso, je, je, je. Caray, qué calladito lo tenías, amiga. Entré al otro, lo hago de vez en cuando aunque no haya dejado comentario todavía, y me encontré con esta agradable sorpresa. Un rincón para el Tacho, para él solito; qué bueno. Recuerdo que la primera vez que lo leí, me encantó, igual que el resto de veces. Lo entendí casi todo, por el sentido de las frases, si bien había alguna palabra de tipo coloquial que no sabía su significado exacto; pero tuve que preguntar qué demonios era un tacho, ja, ja, ja ¿recuerdas? Desde entonces soy una fan de él, me encanta la magistral, inteligente y elegante ironía que desparramas por doquier en estos textos. Un gusto leerte.

Un besote,

Margarita

Expresa_mente: Turkesa dijo...

Hola Margarita: Qué alegría, un comentario! JAJA. Este brote anda demasiado de incógnito. Se agradece el aprecio y las ideas que dejas. Y sabes, lo puse de nuevo en cierto modo gracias a ti, que habías dicho que te gustaría leerlo sin censura, allá lejos y hace algunos foros. JAJAJA. Me alegraste el día. un abrazo grande. (Y por cierto: ya volveré a la carga con el Tacho, para descargas.. )

Esther dijo...

Turkesa, acabo de pasar por “Hola, Tacho” y subo la página, para encontrarme con esta muestra de cómo se hace para escribir prosa en clave de humor ácido. La primera línea:

“Vos sabés Tacho que hace ya un tiempito que me desgano la vida abogando por los derechos de las pers…, digo las garantías constitu… (No, mejor dejá, las implicancias te las mando en otro momento). “ Es toda una declaración de desesperación: desganarse (desganarse) abogando por... ejem... ¿por? ¡Ah! Qué difícil es explicar el porqué, si sabemos que:
“Me dio una pena al irme, ver a la pobre mina de la Justicia, la romana esa ahí, perdida en el túnel del tiempo, con la venda eterna en los ojos y los brazos extendidos buscando…”
(esta línea es realmente buena)

La historia que le da cuerpo al texto es ¿increíble? ¿Imposible? ¿Fantástica?¿Fantasiosa?
Luego de reírme a carcajadas imaginando la escena... me puse a pensar que puede ser posible, creíble. Que puede suceder, o sucedió. Que sí, la estupidez es ilimitada. Bueno, allí se me congeló la sonrisa en la cara, Turkesa...

Y pese a toda la intención de un texto construido con la ironía furiosa de una protagonista que necesita contar para no terminar internada en una clínica, víctima de un infarto, aparece (cómo no) el toque poético de la autora, esas imágenes poderosas que sueles dejar caer, casi como al azar (aunque nunca al azar):

“que están casi todos colgados practicando el oscurantismo en cornisas tenebrosas, a la deriva entre la torpeza y derroteros erráticos,”

Un gusto, Turkesa, leer este texto. ¡Y mis felicitaciones por él!

Cariños,
Esther

Anónimo dijo...

Hola Turkesa
Que gusto me dio volver a leer tus acidas y humoristicas reflexiones sobre la fauna y flora porteña con la que también convivo a diario. Has reflejado mis días de furia, de vino y rosas, llevándome en un paseo por las nubes de gas que emiten colectivos, taxis y otros vehiculos que pululan por la ciudad. Sigue adelante y recrea nuevas situaciones con las que convivimos los ciudadanos de la city porteña.
Un pedido, se que cuando escribes, no te detiene nada y cual las cataratas del Iguazú, las palabras fluyen en torrentes, pero porque no tratas de mandar el Tacho en episodios?
Cariños
Ana Maria, soy algo lenta pero perseverante

Turkesa dijo...

Holaaa,Ana: ¡se me había pasado tu comentario! ¡Gracias!

Estee, hace rato que no atosigo al Tacho con mis quejas de ciudadana del reino del revés, pero te prometo que si es largo, irá por episodios. Besos.

Turkesa dijo...

Hola, Esther: peeero, recién veo estos comentarios. Perdona.
No sé porqué, pero siento que me comprendés totalmante ¿Serás de por acá? Jaja. Muchas gracias por tus palabras que me animan a seguir esta batalla con las letras; me salva de acabar en un centro terapéutico público...UFF.
Gracias de nuevo.

Un besote.